PASEO DE LOS TRISTES

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[Huelva: Diputación Provincial, 1982]

I

RENTA Y DIARIO DE AMOR

Tú me dueles, amor, pero te canto
y es el gusano que en la carne horada,
no torbellino sino abrazo lento,
sí razón o temor, sí bárbaro camino.

Ahora llegas vestida de cobrador del agua
y te sorprende el tacto reseco de mi espalda
y de golpe comprendes las dunas milenarias

y descubres tu piel como si fuera un yermo
y te quedas desnuda frente a tanto desierto
y se rompe el amor como un recibo viejo.

Quisimos amarnos
tras los muros altos
de un viejo mercado.

No fueron posibles
sino manos grises,
sino labios tristes.

En nombre del fuego
desde el día primero
vendidos y muertos.

Entre las cenizas
la mercadería:
los brazos, la vida.

Pagando el futuro,
la renta del humo:
tú, mía; yo, tuyo.

Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir.

Por eso madrugué por los despachos,
volví mañana, les expuse el caso
y conseguí un empleo para ella:
tras mirarla a los ojos –al menos eso dijo–
le entregaron la llave más preciada,
pusieron a su cargo el alumbrado.

Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba.

Y no la he vuelto a ver:
aquella misma noche me cortaron la luz.

¿Cómo me vas a querer tú a mí
con ese borbotón inevitable de odio
que llevas por las venas?

¿Cómo te voy a querer yo a ti
con ese borbotón inevitable de odio
que llevo por las venas?

Hoy le escribo otra vez.
Sus señas ya no importan.
¿Acaso no es lo mismo Calle del Beso, 10
o Calle de la Muerte, casa sola?

Quizá me confundí de calle y de aventura
pero ya me conocen sus farolas y el alba,
ya conocen mi sombra, mi canción, mi tristeza
y esta costumbre vieja de andar erguido y solo.

II

EL LARGO ADIÓS

MATERIALISMO ERES TÚ

¿Y tú me lo preguntas?
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Si supiste decirme que no estamos en paz,
si venir a tus labios fue sentir el calor
de un hermoso equipaje para siempre en los hombros.

Si se abrió el horizonte con sus ojos brillantes,
con toda su extrañeza.

Si hay días, raros días
en que cruzas de pronto la calle y me sorprendes
con alguna denuncia inesperada.

Si hay tardes, raras tardes
que me atrevo a contarte
mi pequeña verdad de enamorado,
que me atrevo a tirar por la borda algún jirón
de esta memoria sucia de dominio,
turbia de soledad.

Si hay noches, raras noches
que cuando te descubro
por una de esas calles que llevan al mercado
parece que una estrella, de golpe, me alumbrara.

OTRO ROMANTICISMO

… las aguas del olvido.
GARCILASO

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
CÉSAR VALLEJO

Te escribo nuevamente desde una tarde helada
de esas en que nos puede el sentimiento
y la obsesión –ese pingajo de la soledad–
te derriba, te ocupa, sienta plaza en tu cuerpo
y, lo más peligroso, te alumbra, te interroga.

Y ves que los renglones se estrechan,
las letras se amontonan
y comprendes el hueco imposible,
el espacio que nunca compartimos
y este bello recurso de contarte la vida
poblando de historia y de sueños
las hojas tibias del dolor
que tanto me recuerdan tus muslos o tu espalda.
Por ellos navegué durante tanto tiempo,
en ellos aprendí tantas cosas extrañas,
tanto golpe de mar,
que parece imposible olvidarte así, de pronto,
como quien tira la luz por la ventana,
como quien se despuebla de golpe de esperanza.

¿Quién puede responder sin ningún truco
a las preguntas viejas, enquistadas,
hechas parte de ti?

¿Quién cruzará de un salto las aguas del olvido sin sentir
cómo quema en la carne la sorpresa de un día,
las sábanas de un día, los cuerpos ofreciéndose,
las ojeras del gozo al amanecer?

¿No volverá el amor,
aquel juego con náufragos y cofres,
a sorprendernos con su mano abierta,
a dejar en la playa de un hombro
como alga de plata que reposa
la saliva brillante del deseo?

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Por eso he de decirte –aunque sea por escrito–
que está la casa abierta para ti,
que te esperan los libros, el té, mi soledad,
las dudas de las tardes de domingo,
la pequeña verdad
que no se tiene en pie sin tus palabras.

No es posible saber cuando todo enmudece
y la vida se ha vuelto una sórdida esquina
si nos falló el presentimiento
o será que el mercado nos fue tragando
con sus comadres y su algarabía,
que no supimos vernos ni hablarnos
entre anuncios de sopas luminosas,
promesas y altavoces
pregonando los últimos saldos
de la felicidad.

Será que llevaremos inevitablemente
un lenguaje podrido que amarga el paladar
y te pone a escupir en mitad de la urgencia
cuando toda la historia apenas si consiste
en decirnos que sí, que nos amamos.

Y los golpes, tan fuertes, las aguas del olvido, tan hondas…
… Yo no sé!

Hay cosas en la vida
que sólo se resuelven junto a un cuerpo que ama.

Y cartas que se escriben
cuando la prisa clava su aguijón
y te deja colgando del alero
y te da por pensar
que es posible que no nos conociéramos
aunque fuimos viviendo el mismo frío,
la misma explotación,
el mismo compromiso de seguir adelante
a pesar del dolor.