ARGENTINA 78

Standard

[Granada: La Tertulia, 1983]

[I]

Pareciérate extraño
que desde aquí te culpe,
que desde aquí me ocupe de tu nombre.

Cuando llegue a tu altura de pedestal mi canto
acaso te preguntes
por qué ese empeño en denunciarlo todo,
por qué vienen del Sur, hiriendo, las palabras.

Yo te digo, Videla,
que viven los poetas con los ojos abiertos
y miran y conocen y sienten conociendo
y entonces dos caminos:
Apoyar a la muerte o defender la vida.

Por eso va mi canto hacia ti como un grito,
como un puño gigante.

¿Quién eres tú sino la vida rota,
sino toda la muerte vestida de payaso?

[VI]

La cena ya dispuesta,
el dictador cavila sonriendo.

Acaricia la mano poderosa,
se la lleva a los labios y la besa.
Luego toma el papel,
siente la pluma palpitar
y firma
con amor la condena.

Hoy es un día hermoso:
Ha ordenado
que florezcan las cárceles
y el torturado cante,
que la miseria altere su grito de ceniza
por un reclamo azul,
que adorne sus harapos
y el hambre su barriga,
que esté todo dispuesto
para Píndaro el yanqui, caballeros.

Mira el mantel y aflora
la saliva a la lengua,
el intestino exulta:
Empanadas de miedo sobre la mesa humean.

[X]

Será que no tenías donde dejar la baba
y el orín de la espuela,
el salivajo del amanecer,
el paso de la bestia sino en tu propio pueblo.

Será que madrugabas
derramando la olla por el suelo,
arrasándolo todo.

Será que preparabas
para la Casa Blanca la pirueta rota,
el salto de la muerte.

Dictador de la sangre,
autómata temprano,
elefante varado:
Sobre la historia pongo mi palabra
y en tu pañuelo escupo,
desde el Sur te condeno a las letrinas,
de vómitos podridos te corono,
lanzo un siglo de pus sobre tu cara.

Que en tus ojos fermente la basura del mundo.